Era una habitación pequeña , que tanto bajo la oscuridad de la noche como la claridad de los días de París parecia gris , me encantaba todo aquello. Solía decir que era similar a vivir en una antigua fotografía , en una buena época , pero lo cierto es que cualquier lugar donde me hubiera encerrado contigo hubiera sido atractivamente gris , melancólico y muy nuestro.
Tu permanecias desnudo en la cama , pálido incluso en la penumbra , iluminado por la luna , pero girabas como la tirra , no lograba averiguar cual era tu eje , hubiera sido poético que fuese yo pero no te gustaban esas cosas , girabas y girabas y las sábanas intentaban detenerte enredandose en tí , me daban celos.
Yo te miraba apoyada en el descansillo de la ventana , fumando en camisón , si no sonase antisocial y demasiado egoista diría que eran mis momentos favoritos del día pero maldita sea , si soy sincera tampoco lo eran , pero yo me resignaba a perder estas facultades por tu culpa.
Cuanto más te movias más quieta estaba yo , rompias el silencio pero todo estaba tranquilo , sólo faltaba una desgracia. El humo quiso robarme tu atención haciendo formas extrañas.
No recuerdo cuanto tiempo transcurrió congelado , pero en algún momento de la madrugada , me puse mi gabardina sin cambiarme el camisón , me calcé las primera francesitas y me fuí. Tu ya no te movias , supongo que estarías más despierto.
La calle estaba tan melancólica como nuestra habitación , con algún charco inexplicable sin importancia y con farolas más antiguas que los amores y los amantes. Instintivamente llegué a la torre Eiffel, fué curiosa la sensación que tuve al verla sin tí . Sí , el causante eras tú , no los demás turistas. Aunque ahora ya no quedaba ninguno , sólo sintechos , como en cualquier sórdida ciudad , como en cualquier relación fracasada. ¿Dónde estaban los amantes? , ¿por qué no estabas durmiendo alli conmigo?.
Supongo que mientras yo miraba todo aquello aferrandome a mi gabardina como si me fuera a morir todos esos amantes tenían un orgasmo en camas medio desechas , o demasiado hechas en los hoteles , quizás la ropa interior de ellas que colgaba en el baño era rosa fucsia gastado , la de ellos tampoco despierta grandes expectativas , quizás él acababa de descubrir que la forma de roncar de aquella sofisticada mujer asustaba a cualquier sicario.
El mundo no paraba de darme evidencias de la suerte que tenia al verte rodar en aquella cama y la poca gracia que podías tener tu al no encontrarte ropa interior fucsia junto a la ducha. Era demasiado bueno incluso para ser imaginario , odiaba a la realidad por defraudarme tantas veces , por obligarme a desconfiar , a temer y a etiquetar , a ponerle duración a las cosas , adjetivos y nombres.
Odiaba tanto que amaba mucho más , estaba perdida y no sólo en París.
Tu permanecias desnudo en la cama , pálido incluso en la penumbra , iluminado por la luna , pero girabas como la tirra , no lograba averiguar cual era tu eje , hubiera sido poético que fuese yo pero no te gustaban esas cosas , girabas y girabas y las sábanas intentaban detenerte enredandose en tí , me daban celos.
Yo te miraba apoyada en el descansillo de la ventana , fumando en camisón , si no sonase antisocial y demasiado egoista diría que eran mis momentos favoritos del día pero maldita sea , si soy sincera tampoco lo eran , pero yo me resignaba a perder estas facultades por tu culpa.
Cuanto más te movias más quieta estaba yo , rompias el silencio pero todo estaba tranquilo , sólo faltaba una desgracia. El humo quiso robarme tu atención haciendo formas extrañas.
No recuerdo cuanto tiempo transcurrió congelado , pero en algún momento de la madrugada , me puse mi gabardina sin cambiarme el camisón , me calcé las primera francesitas y me fuí. Tu ya no te movias , supongo que estarías más despierto.
La calle estaba tan melancólica como nuestra habitación , con algún charco inexplicable sin importancia y con farolas más antiguas que los amores y los amantes. Instintivamente llegué a la torre Eiffel, fué curiosa la sensación que tuve al verla sin tí . Sí , el causante eras tú , no los demás turistas. Aunque ahora ya no quedaba ninguno , sólo sintechos , como en cualquier sórdida ciudad , como en cualquier relación fracasada. ¿Dónde estaban los amantes? , ¿por qué no estabas durmiendo alli conmigo?.
Supongo que mientras yo miraba todo aquello aferrandome a mi gabardina como si me fuera a morir todos esos amantes tenían un orgasmo en camas medio desechas , o demasiado hechas en los hoteles , quizás la ropa interior de ellas que colgaba en el baño era rosa fucsia gastado , la de ellos tampoco despierta grandes expectativas , quizás él acababa de descubrir que la forma de roncar de aquella sofisticada mujer asustaba a cualquier sicario.
El mundo no paraba de darme evidencias de la suerte que tenia al verte rodar en aquella cama y la poca gracia que podías tener tu al no encontrarte ropa interior fucsia junto a la ducha. Era demasiado bueno incluso para ser imaginario , odiaba a la realidad por defraudarme tantas veces , por obligarme a desconfiar , a temer y a etiquetar , a ponerle duración a las cosas , adjetivos y nombres.
Odiaba tanto que amaba mucho más , estaba perdida y no sólo en París.
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