Hubo un momento en nuestra vida en que estábamos tan unidos que nada parecía obstaculizar nuestra amistad y nuestra fraternidad, y sólo un pequeño puente de peatones nos separaba. Cuando estabas a punto de cruzarlo te pregunté: “¿Quieres cruzar el puente para llegar a mí?”. Pero ya no quisiste hacerlo; y cuando te lo volví a preguntar te quedaste callado.
Y cuando Nietzsche terminó de llorar empece a hacerlo yo
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